Carta de despedida

Querido Colegio Nocedal:

 

                                               Les hago llegar unas líneas ya que es mi último día de trabajo en el Colegio Nocedal, puesto que a partir del 1 de junio, estaré trabajando en algunas tareas que me ha encargado la Fundación de Educación Nocedal. Mi nuevo lugar de trabajo estará en el Centrofamilia de la Fundación Nocedal.

 

                                               Estos días, no han sido fáciles para mi, ya que luego de 24 años de trabajo en el Colegio Nocedal, comprenderán ustedes, que no es llegar y cambiarse a un nuevo lugar de trabajo, con otras funciones y encargos. Estoy confiado en Dios que todo resultará bien.

 

                                               Agradezco en primer lugar a Dios por haberme permitido trabajar en el Colegio Nocedal por tantos años. No me cabe duda que Él es el que hace las cosas con nosotros, pobres instrumentos.

 

                                               Es el momento de agradecer, a la Fundación de Educación Nocedal por haberme dado la oportunidad de trabajar tan a gusto, en este maravilloso Proyecto Educativo que ha dado y seguirá dando muchos frutos ya que tenemos la ayuda de Dios, de San Josemaría y de tantas personas que ni siquiera conocemos y que nos miran con gran cariño y nos ayudan a llevar este “gran barco de Nocedal” adelante.

 

                                               Agradecer a los profesores que trabajan en Nocedal ya que son los que están en el detalle de cada día, de cada alumno y de cada familia. Los profesores son fundamentales en todo lo que se realiza en el Colegio y de ahí la gran responsabilidad que tiene cada uno, en cuanto a vivir las virtudes de buenos trabajadores y más aún, de ser cristianos coherentes, que viven especialmente la Fe, Esperanza y Caridad.

 

                                               Agradecer especialmente al cuerpo auxiliar y administrativos ya que mantienen el colegio en muy buen estado y más que eso, ya que muchas veces son buenos educadores y consejeros de los alumnos, padres y profesores. Atentos a las necesidades de todos, alimentadores de las aves que adornan el colegio y mil servicios, que valoramos infinitamente.

 

                                               Agradecer a los padres, a sus familias ya que han creído y creen en nosotros. La frase “Los padres son los Primeros Educadores” no es solo una frase, es una realidad y ese es uno de los sellos de Nocedal. Gracias a tantas familias y ex familias que ya han pasado por Nocedal. Ahora   son familias amigas y son el soporte de este gran proyecto. Sin las familias, no somos nada.

 

                                               Gracias a los alumnos y ex alumnos por darle vida al Colegio y llevar por todas partes el sello de lo aprendido en Nocedal. Por todas las actividades en las que trabajan poniendo todo de su parte, venciendo las dificultades y aprovechando las instancias educativas que les entrega el Colegio.

 

                                               Gracias especiales a las familias de nuestra Ecoaldea que han trabajado con entusiasmo y dedicación en este proyecto que integra trabajo manual, convivencia, tecnología y los infaltables completos. Igualmete los apoderados que trabajaron en los pesebres con su entrega de tiempo, herramientas, manos y cariño por hacer de la Casa de Jesús un lugar digno y atrayente.

 

Gracias al Centro de Padres que siempre está disponible para hacer del Colegio cada día mejor. Sacar adelante proyectos, organizar los eventos, atender a las familias necesitadas, ir en busca de los que sufren para darles compañía y más que todo, el cariño necesario cuando se sufre. Gracias por poner el corazón en lo que hacen. Por humanizar con su trabajo discreto y eficaz.

 

Gracias a Acción de Corazón por dar la posibilidad a muchas personas de ayudar a otros más necesitados. Buscando siempre la manera de tenderle la mano al que lo necesite, sin llamar la atención.

Finalmente decirles que estaré más disponible ahora para lo que necesiten, o tan solo para conversar y comernos un buen cordero.

 

Afectuosamente,

Andrés Ruiz-Tagle Vial